
Por Diana Guerrero, periodista de G&M News.
Las loterías públicas atraviesan un momento de transformación en toda América Latina. Desde FEDELCO, ¿cómo analiza el estado actual del sector en Colombia? ¿Cuáles son sus principales desafíos?
Las loterías colombianas atraviesan un momento que definiría como de fortaleza bajo presión. El sector ha demostrado una solidez notable entre 2023 y 2025: las ventas crecieron de $867.000 millones (US$241 millones) a $950.000 millones (US$264,13 millones) y las transferencias al sistema de salud pasaron de $218.548 millones (US$60,76 millones) a $278.160 millones (US$77,34 millones), lo que representa un incremento acumulado del 27,3% en apenas tres años. Estas cifras no son producto del azar; son el resultado de la disciplina institucional, la transparencia en la operación y el compromiso irrenunciable de las 15 loterías con la salud de los colombianos más vulnerables. Sin embargo, el entorno exige una lectura honesta. El principal desafío no es la tecnología en sí misma, sino la relevancia. El mercado del juego en línea crece de forma exponencial en Colombia y América Latina, y ante esa realidad, las loterías enfrentamos una doble presión: competir con plataformas privadas que no tienen la carga social que nosotros asumimos con orgullo y, al mismo tiempo, demostrar que nuestro modelo, basado en la legalidad, la transparencia y el propósito social, sigue siendo el que más le aporta al país. A esto se suma un desafío fiscal que FEDELCO ha señalado de manera reiterada: cuando se encarece el juego legal mediante cargas impositivas excesivas, la consecuencia directa es el fortalecimiento del juego ilegal. Este fenómeno no sólo afecta al sector, sino que también reduce recursos que deberían destinarse a hospitales y a la atención de quienes más lo necesitan.
Durante los últimos años, el sector ha tenido que adaptarse a nuevas dinámicas digitales y a un consumidor diferente. ¿Cómo pueden las loterías tradicionales evolucionar sin perder su esencia ni afectar a su fuerza de venta física?
Ésta es quizás la pregunta que con mayor frecuencia nos formulamos al interior del sector, y la respuesta que hemos construido desde FEDELCO es categórica: la transformación digital no puede ser una sustitución, sino una expansión. Evolucionar no significa abandonar los canales tradicionales ni desplazar a los miles de loteros y loteras que durante décadas han construido el vínculo más directo entre las loterías y el ciudadano colombiano. Las loterías colombianas han avanzado en la incorporación de billeteras digitales para la compra electrónica y en el uso de biometría para mejorar la experiencia del usuario, garantizando a la vez mayor transparencia operativa. FEDELCO acompaña a las loterías del país en la adopción de estrategias modernas de omnicanalidad, storytelling de impacto social, segmentación de audiencias y medición de resultados. La clave está en que el canal digital y el canal físico no compiten entre sí; se complementan. El lotero de barrio y la aplicación electrónica son dos puntos de acceso hacia el mismo propósito. Nuestra meta es que ambos prosperen.
Uno de los temas que la Federación ha impulsado es la lucha contra la ilegalidad. ¿Qué tan grave sigue siendo este fenómeno para las loterías públicas y qué impacto tiene sobre los recursos destinados a la salud?
El juego ilegal es una amenaza que no puede subestimarse, y en FEDELCO lo hemos señalado con claridad ante el Gobierno, el Congreso y los organismos reguladores. Cada peso que circula en el juego ilegal es un peso que se sustrae al sistema de salud de Colombia. No es una metáfora; es la consecuencia directa de la estructura constitucional del monopolio rentístico de los juegos de suerte y azar. Las modalidades ilegales, desde los juegos clandestinos de barrio hasta las plataformas digitales no autorizadas, operan sin tributar, sin transferir recursos a la salud, sin garantizar premios y sin ningún tipo de responsabilidad social. Compiten con precios artificialmente bajos porque no asumen las cargas que a nosotros nos corresponden. Eso tiene consecuencias concretas: menor recaudación, menor transferencia a la salud y erosión de la confianza en el juego legal. Por eso, FEDELCO ha sido insistente en que la estrategia contra la ilegalidad requiere tres frentes simultáneos: más recursos y capacidades para los entes de control y vigilancia; una regulación que no encarezca innecesariamente el juego legal, porque cuando el precio del juego legal sube, el consumidor migra al ilegal; y campañas de cultura ciudadana que visibilicen el impacto social del juego lícito.
Los jugadores actuales tienen acceso a múltiples formas de entretenimiento digital y apuestas en línea. ¿Cómo pueden las loterías seguir siendo competitivas frente a esta nueva oferta?
La competencia con el entretenimiento digital es real, y sería un error ignorarla. Los jugadores de hoy, especialmente los jóvenes, tienen en su bolsillo un universo de opciones de entretenimiento que compiten permanentemente por su atención y su dinero. Frente a esa realidad, las loterías no podemos competir haciendo lo mismo de siempre; necesitamos reinventarnos con propósito. Nuestra propuesta de valor diferencial no está en la mecánica del juego, está en el significado del juego. Ninguna plataforma privada de apuestas en línea puede decirle a su usuario que, al jugar, está financiando la operación del hospital más cercano a su casa. Ésa es nuestra ventaja competitiva. El jugador no sólo quiere ganar, también quiere identificarse con una marca que comparte sus valores. Las loterías colombianas tienen esa historia; sólo necesitamos contarla con el lenguaje de los tiempos.
Su organismo ha insistido en la necesidad de fortalecer la transparencia y los estándares técnicos de los sorteos. ¿Por qué es estratégicamente relevante avanzar hacia procesos más estandarizados y certificados dentro de la industria?
La transparencia no es un atributo opcional para las loterías públicas; es la condición de posibilidad de toda nuestra legitimidad institucional. Operamos una actividad que moviliza la confianza de millones de colombianos; esa confianza se gana sorteo a sorteo, billete a billete, y puede perderse con una sola inconsistencia que no sea adecuadamente explicada y corregida. Desde FEDELCO, hemos impulsado la estandarización y certificación de los procesos de sorteo porque entendemos que sólo un sector que se autoexige técnicamente puede protegerse a sí mismo. Cuando los sorteos se realizan con protocolos unificados, sistemas certificados y trazabilidad completa, se protege al jugador y al operador frente a cualquier cuestionamiento.
Las loterías no sólo generan ingresos para la salud; también son fuente de trabajo para miles de loteros y loteras en Colombia. ¿Cómo ve el futuro de esta fuerza comercial en un mercado cada vez más digital?
Los loteros y loteras son el alma visible de las loterías colombianas. Son la presencia humana de un sector que, en última instancia, se sostiene sobre la confianza de personas reales en personas reales. Cuando hablamos de transformación digital, la pregunta que FEDELCO siempre tiene presente es: ¿esta transformación incluye a los loteros o los deja atrás? Nuestra respuesta es inequívoca: no puede haber una transformación exitosa del sector que no integre y proteja a su fuerza de venta. Hay además una dimensión de justicia social en este tema que no podemos ignorar. La red de loteros representa empleo informal de alta penetración en comunidades de bajos ingresos, en municipios pequeños y en poblaciones vulnerables. Proteger y modernizar esa red no es sólo una decisión de negocio; es una decisión de equidad social.
¿Cómo imagina a las loterías en América Latina dentro de cinco años?
En cinco años, las loterías latinoamericanas que sobrevivan y prosperen serán las que hayan tomado hoy las decisiones correctas. Serán las que apostaron por la modernización sin perder el propósito, las que construyeron relaciones digitales con sus jugadores sin abandonar el territorio físico, y las que tuvieron la valentía de defender ante sus gobiernos un marco regulatorio que las habilitara para competir en igualdad de condiciones con el sector privado. Veo un futuro marcado por cuatro grandes transformaciones. Primera, la consolidación de la omnicanalidad como estándar de operación: ninguna lotería que en cinco años no tenga una presencia digital robusta, integrada y medible podrá sostener su relevancia. Segunda, el marketing de impacto social como eje de posicionamiento: las nuevas generaciones eligen marcas con propósito, y las loterías tienen el propósito más poderoso del mercado; sólo deben aprender a comunicarlo con el lenguaje de los tiempos. Tercera, una regulación más ágil y adaptada a la economía digital: el marco normativo vigente en varios países de la región fue diseñado para una industria analógica, y necesita evolucionar sin perder el rigor institucional que protege al jugador y garantiza los recursos públicos. Cuarta, absolutamente crítica, la cooperación regional como ventaja competitiva: las loterías latinoamericanas tenemos mucho más que ganar colaborando entre nosotras que compitiendo de forma aislada. Compartir experiencias de modernización y desarrollar estándares técnicos comunes son pasos concretos hacia un sector más fuerte, más legítimo y más sostenible en toda la región.







