
Por Nahuel Díaz, periodista y colaborador de G&M News.
Los casinos físicos en Chile vienen atravesando varios períodos de caída de la recaudación. ¿A qué se debe este factor? ¿Cuáles son los motivos de este declive?
Durante los últimos años, la industria de casinos presenciales en Chile ha enfrentado un escenario complejo, donde distintos factores estructurales han impactado el desempeño del sector. Las cifras publicadas por la Superintendencia de Casinos de Juego (SCJ) muestran que, si bien existió una recuperación posterior a la pandemia, durante 2024 y 2025, comenzaron a observarse señales de desaceleración, especialmente en visitas y dinamismo de la actividad presencial. Uno de los factores más relevantes ha sido el crecimiento acelerado del juego online ilegal y de plataformas digitales que operan fuera del marco regulatorio chileno. Mientras los casinos físicos funcionan bajo estrictos estándares de autorización, fiscalización, tributación, seguridad y prevención del lavado de activos, existe hoy un mercado digital que ha crecido sin reglas equivalentes y que compite directamente con la industria formal. A eso se suma un cambio en los hábitos de consumo y entretenimiento, producto de la digitalización y las nuevas tecnologías, fenómeno que no es exclusivo de Chile y que está ocurriendo en distintas industrias a nivel mundial. El desafío es cómo avanzar hacia una modernización del sector que permita incorporar nuevas tecnologías y canales, sin debilitar las condiciones regulatorias, tributarias y de control que hoy cumple la industria formal. También es importante entender que los casinos en Chile no son sólo una actividad económica privada. La Ley N°19.995 se diseñó como una política pública orientada al desarrollo turístico y regional, por lo que cualquier debilitamiento de la industria formal termina impactando también a municipios, gobiernos regionales, empleos y economías locales.
Chile mantiene un debate intenso sobre la carga impositiva aplicada a distintas actividades económicas. Desde la industria de los juegos de suerte y azar, ¿cree que el actual esquema tributario es competitivo y sostenible?
La industria de casinos en Chile opera bajo uno de los marcos tributarios y regulatorios más exigentes del país. Los operadores pagan IVA, impuesto específico al juego, impuesto a la entrada, patentes y diversos costos regulatorios asociados a fiscalización y cumplimiento. Por eso, más que discutir únicamente si la carga tributaria es alta o baja, lo importante es evaluar si existe equilibrio y simetría competitiva. El principal problema hoy es que la industria formal compite contra operadores ilegales que no enfrentan obligaciones equivalentes. Un ejemplo claro de esta asimetría es el impuesto de entrada que pagan los jugadores al ingresar a los casinos físicos, obligación establecida por ley y que forma parte de la estructura tributaria presencial. Sin embargo, en el entorno online, no existe un mecanismo equivalente. Ese tipo de diferencias genera distorsiones competitivas que debieran revisarse en el marco de una futura regulación, especialmente si el objetivo es construir una industria moderna, competitiva y en igualdad de condiciones. La experiencia internacional demuestra que regulaciones excesivamente gravosas pueden terminar debilitando la canalización hacia mercados regulados y fortaleciendo la informalidad. Por eso, cualquier discusión tributaria debe considerar sostenibilidad, competitividad y capacidad efectiva de fiscalización. Chile tiene la oportunidad de construir un sistema moderno, equilibrado y competitivo, que permita recaudar, proteger consumidores y, al mismo tiempo, generar condiciones viables para el desarrollo formal de la industria.
¿Cuál es su posición con respecto a la renovación de licencias y el debate entre las salas de juego y la postura de Dreams?
Más que una discusión puntual respecto de una compañía específica, lo importante es entender el contexto que enfrenta hoy la industria de casinos en Chile. Actualmente, existen siete permisos de operación que están, de una u otra forma, en discusión o proceso de definición. Hay concursos abiertos, procesos declarados desiertos y otros en evaluación. Esto ocurre en paralelo a la discusión del proyecto de ley que regula plataformas de apuestas online, iniciativa que además incorpora modificaciones relevantes a la Ley de Casinos. Por lo tanto, no se trata de procesos aislados. Estamos hablando de cerca del 30% de las licencias del sistema operando en un contexto de alta incertidumbre regulatoria. Considerando que en Chile existen 24 casinos regulados, tener siete permisos simultáneamente en discusión es una situación muy relevante para la industria. Ese escenario naturalmente genera preguntas respecto de inversión, estabilidad regulatoria, proyección del mercado y condiciones futuras de operación. Por eso, desde la ACCJ, creemos que es fundamental que el país entregue certezas jurídicas y regulatorias claras, especialmente en un momento donde la industria está enfrentando transformaciones profundas asociadas a digitalización, nuevas tecnologías y competencia desde mercados ilegales.
Desde la perspectiva de los operadores presenciales, ¿qué aspectos debería contemplar una eventual regulación del juego online para garantizar condiciones equitativas?
El principio central debe ser la simetría regulatoria. No puede existir una industria con altos estándares de fiscalización, tributación, prevención del lavado de activos, seguridad y juego responsable, mientras otros actores operan con menores exigencias o sin obligaciones equivalentes. La regulación online debe contemplar estándares similares en materias tributarias, control de identidad, protección de menores, trazabilidad financiera, prevención del lavado de activos y publicidad responsable. También es fundamental establecer herramientas efectivas de fiscalización y sanción para quienes operen fuera del sistema regulado. Además, hay un punto clave: la regulación debe reconocer los derechos y la legitimidad de quienes han operado históricamente dentro del marco legal chileno. Los casinos físicos funcionan bajo una política pública definida por el Estado, con fuertes exigencias regulatorias, inversiones de largo plazo y compromisos permanentes con las regiones donde operan. Por ello, resulta razonable que los operadores incumbentes puedan proyectar su actividad hacia el entorno online y participar de un modelo omnicanal, aprovechando su experiencia, infraestructura y estándares de cumplimiento. Asimismo, es indispensable definir reglas de entrada claras y rigurosas para el nuevo mercado. Hoy, existen plataformas que han operado durante años de forma ilegal en Chile y que, producto de esa operación fuera de norma, llegan con ventajas competitivas relevantes en posicionamiento, captación de usuarios y desarrollo comercial. Si Chile quiere atraer inversión seria, sostenible y de largo plazo, necesita generar condiciones de competencia equilibradas y un mercado sano, donde quienes respetaron el marco legal no queden en desventaja frente a quienes operaron al margen de la regulación. Finalmente, también es importante reconocer que los casinos físicos cumplen un rol territorial y económico muy distinto al de las plataformas digitales. La industria presencial aporta directamente a municipios y gobiernos regionales, genera empleo local e impulsa la actividad turística. Por lo tanto, cualquier regulación debe considerar esa diferencia estructural y resguardar las condiciones que permitan sostener ese aporte regional.
¿Cómo imagina un mercado chileno futuro en el que convivan los casinos presenciales y el juego online regulado, en una propuesta omnicanal para el apostador? ¿Cree posible que esto se pueda dar?
Sí, absolutamente. De hecho, la evidencia internacional muestra que la industria del entretenimiento y los casinos han evolucionado precisamente hacia modelos omnicanal, donde conviven de manera integrada experiencias presenciales y digitales. Tal como ocurrió en otras industrias, las nuevas tecnologías, la digitalización, la realidad virtual y las plataformas móviles están transformando la manera en que las personas consumen entretenimiento. La industria del juego no es ajena a ese fenómeno y tiene un enorme potencial para desarrollar experiencias complementarias entre el mundo físico y digital. Para que eso funcione correctamente, es indispensable que exista una regulación clara y simétrica. Hoy, las plataformas online a las que se busca regular en Chile han operado durante años fuera del marco legal, mientras que los casinos físicos han funcionado bajo una política pública diseñada específicamente para promover desarrollo turístico, económico y regional. Por eso, es fundamental que cualquier regulación futura permita igualdad de condiciones entre todos los actores, evitando asimetrías regulatorias o tributarias. Si eso se logra, la omnicanalidad puede transformarse en una gran oportunidad para modernizar la industria, generar innovación y fortalecer un ecosistema de entretenimiento regulado, competitivo y seguro para los usuarios.
¿Cuáles son los principales desafíos para los casinos presenciales en Chile?
El principal desafío será enfrentar un escenario de transformación estructural de la industria. La digitalización, el avance tecnológico y la discusión regulatoria están cambiando profundamente el mercado del entretenimiento y los casinos deberán adaptarse a esa nueva realidad. A eso se suma el desafío de combatir el juego ilegal, tanto físico como online, fenómeno que no sólo afecta económicamente a la industria formal, sino que también se relaciona con seguridad pública, informalidad y crimen organizado. Otro elemento clave será la necesidad de avanzar hacia una regulación moderna que entregue certezas jurídicas y condiciones de competencia equilibradas. La discusión sobre plataformas online, licencias y modernización de la Ley de Casinos marcará buena parte de la agenda del sector en Chile durante 2026. Finalmente, los casinos presenciales deberán seguir fortaleciendo su propuesta de valor como polos de entretenimiento, turismo y desarrollo regional, incorporando nuevas tecnologías, experiencias y modelos de interacción con los usuarios, pero siempre dentro de un marco regulado, seguro y fiscalizado.








