
Por Diana Guerrero, periodista de G&M News.
En pocos años, el Sorteo Extraordinario de Colombia pasó de ser un actor más del sector lotérico a convertirse en un referente nacional. ¿Cuál cree que ha sido la clave de ese notable crecimiento?
Todo comenzó el día que dejamos de preguntarnos cómo hacíamos crecer al Sorteo Extraordinario de Colombia y empezamos a preguntarnos cómo hacíamos crecer al sector, y eso cambia completamente la conversación. Durante muchos años, las loterías trabajaron como islas, cada una defendiendo su mercado, su territorio y sus intereses. Nosotros decidimos hacer exactamente lo contrario: tender puentes. Siempre digo que uno puede ganar una carrera solo, pero un país se construye trabajando en equipo. Cuando una lotería vende más, no gana solamente esa entidad. Gana el vendedor que sale todos los días a ofrecer un billete bajo el sol; gana el departamento que recibe mayores recursos para la salud; gana el hospital que puede atender a más pacientes. Entonces, entendimos que nuestro papel era conectar capacidades, compartir conocimiento y construir confianza.
¿Qué significa el slogan ‘Liderar sin competir’ a la hora de analizar la gestión de la empresa?
Algunos me dicen que esa frase parece una contradicción, pero para mí tiene todo el sentido. No creo en un liderazgo que necesita que otro pierda para sentirse ganador. Si mañana el Sorteo Extraordinario vende muchísimo, pero las demás loterías siguen debilitándose, no podría decir que hicimos un buen trabajo. Nuestro éxito depende de que el sistema completo sea más fuerte. Por eso, nunca llegamos a una lotería diciendo: “Venimos a enseñarles”. Llegamos preguntando: “¿Cómo hacemos para que a ustedes también les vaya bien?”. Cuando ésa es la conversación, desaparece la competencia y aparece la confianza. En definitiva, ése ha sido nuestro mayor activo.
¿Qué representa para ustedes el reconocimiento de Coljuegos al Sorteo Extraordinario de Colombia como la lotería que más aporta al sector, y de qué manera trabajan para sostener ese liderazgo, más allá de las cifras?
Es un orgullo enorme y también una responsabilidad muy grande. Uno puede recibir un reconocimiento un año, pero lo difícil es sostenerlo. Nosotros entendemos ese reconocimiento como un compromiso permanente. Lo bonito es que ese liderazgo no está construido solamente sobre cifras, sino sobre relaciones, sobre la confianza que hoy tienen las demás loterías para trabajar con nosotros, sobre alcaldes, gobernadores y gerentes que creen en este modelo y sobre distribuidores que sienten que conformamos un equipo. Eso vale muchísimo más que cualquier indicador. Las cifras son importantes, claro que sí, pero, al final, lo que realmente deja huella son las personas que creen en uno.
El regreso del Sorteo Villa Republicana de Chiquinquirá, después de 22 años, ha sido presentado como un proyecto con alma, cargado de tradición, fe y millones. ¿Podría describir esta iniciativa que no sólo devuelve un sorteo propio a la ciudad, sino que también busca escribir un nuevo capítulo en su historia y en la identidad cultural del país?
En la vida, hay proyectos que dejan utilidades y otros que dejan historia. Estoy convencido de que el Sorteo Villa Republicana de Chiquinquirá pertenece a los segundos. Cuando empezamos a hablar de esta iniciativa, muchos la veían como un nuevo convenio. Yo veía una ciudad que llevaba más de dos décadas esperando volver a tener un sorteo propio; veía una oportunidad de retomar la tradición de una región que tiene una identidad inmensa para todos los colombianos. Esto va mucho más allá de un billete. Aquí hubo voluntad, compromiso y una visión compartida. La Alcaldía de Chiquinquirá, la Corporación de Desarrollo de Chiquinquirá y el Sorteo Extraordinario de Colombia nos sentamos con un mismo propósito: construir una propuesta que trascendiera. Eso, para mí, tiene un enorme valor. No estamos lanzando simplemente un nuevo sorteo. Estamos ayudando a escribir un nuevo capítulo en la historia de una ciudad. Hay jóvenes que hoy tienen 22 años y nunca habían visto un sorteo identificado con Chiquinquirá. Por eso, este proyecto tiene una carga emocional enorme. Cuando llegue el próximo sábado 19 de septiembre, no solamente vamos a realizar un sorteo, sino a devolverle a la ciudad algo que formó parte de su historia. Me gusta mucho cuando los proyectos tienen alma, y éste la tiene. Detrás hay comerciantes, vendedores, familias, instituciones y miles de personas que sienten un profundo orgullo por su ciudad. Eso no se compra. Eso se construye.
Si dentro de diez años alguien escribe la historia del Sorteo Extraordinario de Colombia y de su gestión, ¿qué le gustaría que dijera ese capítulo?
Me gustaría que dijera que tuvimos el valor de hacer las cosas de manera diferente; que no nos conformamos con administrar una entidad; que nos atrevimos a rescatarla, a transformarla, pero, sobre todo, que entendimos que el verdadero liderazgo no consiste en ser el primero, sino en lograr que muchos lleguen contigo. Deseo que, cuando hablen del Sorteo Extraordinario de Colombia, digan: “Ahí comenzó una nueva manera de entender las loterías en este país”. Espero que se reconozca que las loterías dejaron de verse como instituciones aisladas y empezaron a trabajar como un verdadero sistema, que sí era posible construir confianza y crecer sin dejar a nadie atrás. Si además logramos que más hospitales reciban recursos, que más vendedores mejoren sus ingresos, que más regiones recuperen sus sorteos y que millones de colombianos vuelvan a creer en las loterías, entonces todo habrá valido la pena. Porque, al final, los cargos pasan, las cifras cambian, los reconocimientos se guardan en una vitrina, pero las instituciones que dejan un legado permanecen. Quisiera que el Sorteo Extraordinario de Colombia permaneciera muchos años después de nosotros como un ejemplo de que, cuando hay visión, disciplina y amor por el país, el trabajo puede hacerse bien. Colombia merece instituciones que inspiren confianza, y todos los días nosotros trabajamos para estar a la altura de esa confianza.








