El avance de las apuestas online en sitios ilegales por parte de adolescentes en Argentina viene encendiendo alarmas hace rato, generando una profunda preocupación pública e institucional. Lejos de ser casos aislados, se trata de un fenómeno extendido, silencioso y en crecimiento. Los datos confirman esta tendencia.
Un estudio de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires en 2024 reveló que 1 de cada 4 estudiantes secundarios apostó online (en sitios ilegales) al menos una vez. A nivel nacional, la Cruz Roja Argentina en 2025 detectaba que 6 de cada 10 adolescentes estaban expuestos al betting, mientras que, ese mismo año, UNICEF Argentina advertía que 8 de cada 10 jóvenes habían accedido o conocían a alguien que participaba en plataformas ilegales.
Hay un dato clave que atraviesa todos los estudios: el vínculo con las apuestas online comienza en una edad temprana (13-14 años), coincidiendo con el momento en que muchos acceden por primera vez a billeteras virtuales, aumentando de forma sostenida hasta los 17-18 años.
Aquí hay un punto relevante en el que es menester detenerse. La normativa argentina es clara: los menores de edad no pueden participar en juegos de azar. Las plataformas legales, autorizadas y reguladas lo saben; por eso, cuentan con controles estrictos que verifican la identidad y edad de los usuarios. De ahí que, cuando un menor de edad apuesta, lo hace necesariamente en un sitio ilegal. Son plataformas que operan sin licencias habilitantes, por fuera de la regulación, sin controles efectivos y con estrategias diseñadas para facilitar el acceso, incluso desde el hogar o la escuela. Entonces, la pregunta es la siguiente: ¿cómo sucede esto?, ¿cómo los niños, niñas y adolescentes logran apostar en estas plataformas ilegales?
El foco que empieza a cambiar
Durante años, la discusión estuvo centrada en los sitios ilegales. Sin embargo, existe otro actor clave que permite que el juego ilegal sea posible: los proveedores de servicios de pago (billeteras virtuales). Detrás de cada adolescente que apuesta hay, casi siempre, una billetera virtual que lo permite.
En la actualidad, diversas billeteras han incorporado servicios de cuentas destinadas a menores de edad. Si bien el acceso temprano a estas herramientas representa un avance sumamente beneficioso en términos de inclusión financiera, también implica un serio riesgo si no existen controles y bloqueos efectivos para impedir su uso en actividades prohibidas.
Una responsabilidad que crece
Es sabido que las billeteras virtuales presentan una arquitectura diseñada para maximizar la accesibilidad y el volumen de transacciones, lo que implica necesariamente una responsabilidad mayor cuando hablamos de menores de edad. Sin embargo, mientras algunas billeteras aplican controles más estrictos, otros sistemas de pago masivos y más laxos pueden ser utilizados, directa o indirectamente, para financiar apuestas ilegales.
Esta divergencia en los estándares de control puede dar lugar a situaciones en las que los flujos financieros vinculados al juego ilegal, enmascarados en rubros comerciales genéricos o no asociados al juego, tienden a canalizarse a través de aquellos instrumentos de pago que presentan menores exigencias de cumplimiento.
Aquí es cuando, en el marco de los enormes esfuerzos que realiza la industria legal para combatir el juego ilegal, los operadores de juego autorizados o incluso las autoridades regulatorias de cada jurisdicción pueden contribuir. ¿Cómo? Adoptando todas las medidas necesarias que sean posibles para asegurar que los terceros proveedores que intervienen en el funcionamiento de las plataformas legales cumplan con estándares adecuados de integridad, transparencia y compliance normativo relativos a los intereses del sector. Esto incluye a proveedores de servicios tecnológicos, sistemas de pago y otros intermediarios que participan en el procesamiento de transacciones vinculadas al juego.
Un debate que se instala
La evidencia refleja la enorme magnitud del fenómeno y expone los efectos negativos en el bienestar de los adolescentes y su entorno, asociados a la ansiedad, las dificultades para dormir, el aislamiento social, el bajo rendimiento escolar, el endeudamiento y los conflictos en el seno de la familia.
Este contexto muestra que el crecimiento de las apuestas online entre adolescentes ya no es un tema marginal ni propio del ámbito privado de la familia, como algunos todavía sostienen. La cuestión es delicada y merece un debate sincero sobre cómo proteger a los niños, niñas y adolescentes, reconociendo que este problema no puede abordarse de manera fragmentada, sino de forma transversal a todos los actores que participan del circuito, incluidas las billeteras virtuales.









